“Dios ha puesto la dicha en lo simple y ese es el camino a la felicidad.” F.C.
Lo mataron. Como a Facundo. Como a Cabral. Pero no fue Santos Pérez ni un español en la batalla.
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En los años sesenta, no sé si en una charla con Guerrero Marthineitz o con Antonio Carrizo, “paré la oreja” al escuchar a un joven barbudo que había sido “el Indio Gasparino”. Mezclaba a Dios con la filosofía de su madre y al camino de Abraham con su propio camino.
No digo que desde entonces fui su seguidor. Fue siempre un hombre enigmático que desaparecía y volvía a aparecer, cada vez con más sabiduría.
“Vuele bajo, porque abajo está la verdad”Fue vagabundo, alcohólico, analfabeto, preso, prófugo… pero, por sobre todas las cosas, siguió siendo el niño que fugó de su casa a los nueve años. Como si se cantara a si mismo su canción:
“No crezca mi niño, no crezca jamás, los grandes al mundo le hacen mucho mal.”Su prosa era una continuidad de sus canciones. Escribía “por milonga”, como Atahualpa, como Borges y, como ellos, decía mucho.
Su búsqueda de Dios era constante, aunque vivía en sus palabras. Contaba pasajes de la Biblia, no como una historia pasada, sino como algo que está ocurriendo ahora o como si se tratara de su propia historia.
Quizás anhelara encontrarse cara a cara con Dios, no con los efectos de Dios.
“Esta es la cosa más tristeLo escuchamos decir que la madre Teresa de Calcuta dijo una vez “Facundo no es un artista, es un testigo”.
que nos podía pasar,
saber que está con nosotros
y no saber dónde está.”
¿Qué fue Facundo Cabral? ¿Un testigo? ¿Un cantante? ¿Un profeta? ¿O todo eso junto?
Dicen que salió de Argentina y llegó muy lejos:
“y sólo el que va muy lejos puede encontrar su destino”Dicen que lo mataron pero no sabemos por qué, ni quién fue.
“El diablo se levanta muy temprano”Dicen que su crimen fue un error, pero Rigoberta Menchú lo califica de magnicidio y Alberto Cortez sugiere que a algunos les molestan los místicos como Cabral.
“Perdoname SeñorDicen que para un caminante sin “edad ni porvenir”, la muerte no es más que un descanso en el camino.
pero yo me iré contigo
por tus montañas
tus mares y tus ríos”
“En una eternidad siempre se puede empezar de nuevo”Dicen que Dios, cuando lo acogió en su seno, le cantó su primera canción:
“Sigue siendo niño y en paz dormirás”
NB: Los entrecomillados pertenecen a letras de canciones de Cabral










amoroso esfuerzo.En el frente diseñaste una franja resaltada en el revoque. Y te digo que es muy linda pero que convendría que se refuerce colocándole hierros y que en vez de cal se utilice cemento. Vos me explicás que eso haría que tarde o temprano esa guarda se separe del revoque. Entonces acepto a regañadientes pidiendo que al menos le pongas un poco de cemento. Después me meto con la estructura y opino que, para que la viga sea más fuerte, le pongamos hierro del 16 en vez de 12. Vos tratás de hacerme entender que el cálculo se hace teniendo en cuenta la dilatación de los materiales y que poner un hierro más grueso que el que corresponde, es como ponerlo más fino: atenta contra el trabajo de las vigas. Tratás de explicarme sobre resistencia, resiliencia, composiciones químicas… Finjo aceptar, pero durante la construcción doy instrucciones a los albañiles: “Ponele un balde más de cemento”, “¡Más agua a ese pastón!”. En la terminación, hago redondear los bordes que habías proyectado con cantos vivos, y le agrego otra guarda trasversal. Inútil será que me expliques que todo hace a la armonía. Y como eso podríamos explicar la orientación de la casa, la ubicación de las ventanas, etc. La casa se hace igual pero no es la que vos habías proyectado. Yo seré el culpable si se raja o si su aspecto no es tan lindo como el que esperaba. Con un escrito pasa lo mismo. Tiene un ritmo interior que es difícil de explicar. En un buen escrito las palabras no hablan: cantan. Las modificaciones que hiciste serán las culpables de que el escrito no llegue a destino como vos querías. Dejémonos de eufemismos: Vos sos culpable.
