domingo, 29 de junio de 2008

AMIGOS SON LOS AMIGOS

Algún día habría que escribir algo en serio sobre las recomendaciones que nos hacen nuestros amigos y –porqué no– las que nosotros hacemos. Un médico, un albañil, un medicamento, un cura, un método anticonceptivo… cualquier cosa es factible de ser recomendada. En ese escrito habría que incluir un manual de cómo librarse de ellas o, al menos, no creerlas.
Vamos al grano, aunque nos cobren retenciones. Como aparentemente los médicos no dan con la tecla para solucionar el problema de la hipertensión que conté en la anterior entrada, un amigo me recomendó ir al hospital Sommer de Rodríguez (de la ciudad de Gral Rodríguez, no de don Rodríguez)
–Es mucho mejor que cualquier clínica – me dijo- Ni siquiera hay gente. Sacás turno por teléfono y podés llegar fácil y rápido tomando en Rodríguez un colectivo que te deja en la puerta.
Como no puedo suponer que mi amigo no habló de buena fe, tengo que pensar algunas alternativas:
1.- Él no fue nunca.
2.- Fue en auto.
3.- Fue en verano, cuando hay menos enfermos.
Voy a tratar de explicar cuál es el motivo de estas lacrimosas quejas.
Laura me sacó el turno con el cardiólogo, para el martes 24 de junio a las 9 de la mañana. Ese día a las 7 salí a tomar el colectivo en la ruta para llegar a Rodríguez. Buen servicio. No tuve que esperar mucho. Me senté en La Reja, en el último asiento. Todo bien, hasta que pasamos el límite del partido de Moreno, cuando la ruta comienza a hacer saltar el colectivo.

(ADVERTENCIA AL LECTOR: AQUÍ COMIENZA UNA BREVE DIGRESIÓN DE AÑORALGIA, QUE PUEDE SER SALTEADO SIN QUE AFECTE A LA CONTINUIDAD DEL RELATO)
Explico: En 1951, cuando me fui a vivir al barrio donde hoy vivo, la ruta era mas angostita, de hormigón armado, con juntas de dilatación rellenas con asfalto. Cada tanto, cuando las juntas se vaciaban, se las volvía a rellenar. Unos años después se puso sobre el hormigón una capa de asfalto y se ensanchó la ruta. Pero las juntas se vacían y la capa asfáltica toma la forma del hormigón, es decir que se forman ranuras. Hace unos años el intendente de Moreno logró que vialidad volviera a recapar la ruta. Pero el convenio era para Moreno, así que comenzaron desde el límite con Rodríguez hasta Paso del Rey. Por eso, a través de los años se fue agravando el problema y quien transite desde Moreno hacia Luján debe someterse a los saltos de la ruta (antes Nacional Nº 7 y ahora Provincial Nº 5)
(FIN DE LA DIGRESIÓN)

Salvo los saltos (que traté de paliar mediante la curiosa formación de un puente con mi cuerpo, apoyando la espalda en el respaldo, para evitar que los saltos golpearan el fin de la columna vertebral), salvo eso, llegué en 20 minutos a Rodíguez
Me puse en la cola del colectivo que va al Sommer y esperé.
Y esperé.
Y esperé.
………
Y esperé.
Y esperé.
………
Y esperé.
Y esperé.
………
El colectivo ya venía lleno (Esos colectivos vienen con pasajeros de fábrica) Cuando saqué el boleto (si, el boleto, cortado por el chofer) tuve el primer atisbo de la distancia. Me costó $ 1,60. Teniendo en cuenta que desde Moreno a Rodríguez sale $ 1,30, me preparé para lo peor.
Para decirlo de una vez y brutalmente: la distancia a recorrer desde la estación de Rodríguez hasta el Sommer es de ¡¡¡22 kilómetros!!! Por suerte a mitad de camino me pude sentar y me dispuse a disfrutar el panorama. ¿Viste esos campos de la provincia de Santa Fe, donde por muchos kilómetros sólo se ve campo y campo; arados unos, sembrados otros, y allá en el fondo algún ranchito? Bueno, esto es lo mismo pero sin arados, sin sembrados y sin ranchitos en el fondo.
Al fin ví la entrada del Sommer. Allí termina ostentosamente la ruta. Y digo “ostentosamente”, porque hay una gran platea de hormigón como para dar la vuelta y volver por donde uno vino. Más allá siguen unas barrosas calles en bajada, por donde es muy peligroso seguir porque se terminan abruptamente y existe un serio riesgo de caer entre las patas de los elefantes que sostienen el mundo.
Pero eso no amilanó al chofer y decidió seguir su marcha como volviendo hacia Rodríguez pero cortando camino. Se metió en el hospital, por una entrada previamente enjabonada para que el colectivo no quedara encastrado pa siempre. (Creo que algún espejo retrovisor puede haber quedado incrustado en las paredes)

(COMIENZA OTRA DIGRESIÓN, ESTA VEZ EXPLICATIVA, QUE TAMBIÉN PUEDE SER OBVIADA, PERO EL QUE NO CONOCE EL LUGAR QUEDARÁ SIN ENTENDER. VOS ELEGÍS) (Perdoná que te tutee, pero como hace tanto que venimos viajando juntos…)
El Hospital Nacional Sommer es una antigua colonia para leprosos. Cuando se descubrió un medicamento que evitaba el contagio, se mandaron los leprosos a su casa y el lugar se transformó en hospital. Ese es el porqué de su instalación en un paraje remoto, y que dentro del predio haya muchos edificios que van siendo refuncionalizados.
El colectivo entra, porque hay más de un kilómetro desde la puerta hasta los consultorios.
(FIN DE LA DIGRESIÓN)

Una vez dentro de la ex – Colonia, comienzan a subir nuevos pasajeros, pero éstos son para volver a Rodríguez. Lo toman al entrar, para ganarle los asientos a los que van a subir cuando el colectivo llega al final (¡Semo vivos o no semo vivos!). Al fin llegamos. Mientras bajamos por la puerta de atrás, los vivos van ocupando los asientos y los giles suben por la puerta de adelante a un colectivo que, como siempre, ya está lleno.

Recordarás que yo tenía turno a las nueve. Lástima que llegué a las diez menos cuarto. Amablemente se me explicó que con gusto sería atendido, una vez concluida la lista de espera. Unos quince. Miré la sala. Un cuarto más pequeño que el comedor de casa, pero lleeeeeeno de gente que tosía, estornudaba, se sonaba la nariz, escupía y se rascaba. Viejos con muletas y chicos que pueden correr con fiebre, con bufandas y con obstáculos (nosotros).
Y si. ¿Qué otra cosa podía hacer? Decidí irme ya y para siempre.
Cuando salí el colectivo ya iba por la esquina. Un paisano que estaba allí, me habrá visto algo en la mirada, porque me dijo:
- Lo bueno es que el colectivo viene en seguida.
Quise contestarle contándole lo que había esperado para venir, pero sólo me salió un
– Pe…pe…pero…
Otra vez el paisano me interpretó, porque continuó con su comentario no pedido
– Uno da una vueltita por ahí y enseguida se pasan los cuarenta minutos.
Dada la inocente pinta del tipo, yo creí que hablaba en serio. Pero se largó a reír. ¡El guacho me estaba cargando!
Me fui caminando hasta la entrada y me puse a esperar en la platea del finisterre, mirando los confines del universo. Pensé: La próxima salida que haga va ser a Ushuaia, ya no estoy para viajes largos.
Hasta que volvió el colectivo. Pero no subí cuando entraba, como los “vivos”. ¡Viajaré parado pero sigo siendo solidario!

FIN DE LA HISTORIA.
Cuando entré en casa grité
– Ponete contenta Laura, ¡Tengo un corazón a toda prueba!

2 comentarios:

Pablo dijo...

Mentiras! el mundo no esta sostenido por elefantes sino por tortugas

Mariana dijo...

Me encanta escuchar tus historias no paras de sorprenderme!!!!!!!